Connect with us

Opinión

Los animales nos cambian la vida … ¿Les cambiamos nosotros la vida a ellos?

Publicado

on

Imaginemos esta situación: Llegó a casa un perrito ¿Qué hacemos?, ¿estamos preparados para atenderlo adecuadamente?, ¿cuánto nos va a costar? Son interrogantes válidas al momento de introducir un miembro de la familia al hogar. Mientras más nos cuestionemos, mejor.

Los animales nos completan la vida, sin embargo, también nos la podrían complicar. Es importante que conozcamos detalles básicos sobre el tema para tomar decisiones acertadas.

El bienestar animal

La OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal), en su Código Sanitario para los Animales Terrestres destaca la necesidad de un tratamiento compasivo a animales y subraya que de esto depende el bienestar del animal (artículos 7.8., párrafo tres https://www.oie.int/es/que-hacemos/normas/codigos-y-manuales/acceso-en-linea-al-codigo-terrestre/?id=169&L=1&htmfile=chapitre_aw_research_education.htm), y que para lograrlo deben estar libres de 5 cosas:

1. Libre de hambre, de sed y de desnutrición.

2. Libre de temor y angustia.

3. Libre de molestias físicas y térmicas.

4. Libre de dolor, de lesión y de enfermedad.

5. Libre de manifestar un comportamiento natural.

El reto de escoger mascota

Hay 2 maneras de tener un animal de compañía en casa: la primera es comprarlo, la segunda adoptarlo. Sugiero que siempre optemos por la segunda. Empecemos revisando los pros y contras de comprar animales:

Pros:

 Elegir una raza a nuestro gusto.

 Saber ciertas características del carácter de nuestro animal de acuerdo a su raza.

Contras:

 Incontables animales de raza tienen problemas de salud (genéticos) creados precisamente por mantenerlos “puros”.

 Suelen costar cuantiosas sumas de dinero.

 Sin importar dónde se los adquiera, estamos contribuyendo con la explotación animal. Hay personas que realizan actividades ilegales de venta de animales y no los tienen en las condiciones de salud o con los requisitos sanitarios que se requiere.

En Fundación Rescate Animal Ecuador hemos rescatado y dado en adopción, directa e indirectamente, a más de 5000 animales. Muchos han sido de raza, animales que pudieron haber costado entre $500 y $1500 (o más) y que estaban enfermos, heridos y abandonados en la calle. Nos preguntamos, ¿por qué una persona que invierte tanto en un animal luego lo abandona o lo descuida? La respuesta es sencilla, subestimaron la responsabilidad. Les ganó la emoción del momento.

Adoptar es un acto de amor y responsabilidad

Un animal en casa beneficia a la salud mental y física. World Animal Protection (WAP), organización reconocida a nivel mundial, indica que la hormona oxitocina, secretada cuando el cuerpo experimenta placer, también se produce cuando un animal de familia y su tenedor (o propietario) experimentan interacciones positivas entre sí. Por ejemplo, acariciarle por 10 minutos puede aliviar el estrés, su compañía también puede evitar depresiones. https://www.worldanimalprotection.cr/noticias/conoce-los-cuidados-que-necesita-tu-mascota-y-como-te-puedes-beneficiar-de-ellos (World Animal Protection hace sus propios estudios)

Estudios señalan que crecerán más saludables quienes hayan vivido con perros o gatos en su primer año de vida, ya que presentan menores problemas respiratorios y alergias que los niños, niñas y adolescentes que no convivieron con estos seres.

http://147.96.70.122/Web/TFG/TFG/Memoria/NOEMI%20GAGO%20MARTIN.pdf (página 19, párrafo 5)

¿Qué necesito hacer para cuidar un animal en casa?

A continuación detallamos lo que necesita un perro o gato:

– Desparasitación luego del 1er mes de vida.

– Primera vacuna séxtuple o triple felina al mes y medio de vida (En perros son 3 dosis, 1 cada 21 días. En gatos son 2 dosis, 1 dosis cada 21 días).

– En perros, la vacuna Parainfluenza canina y Bordetella bronchiseptica enfermedad también conocida como tos de perrera (1 sola dosis, 72 horas después ya hizo efecto la vacuna).

– Vacuna contra la rabia, aproximadamente a los 3 meses de vida.

– En gatos, vacuna contra la leucemia felina, para poder aplicarla se le debe hacer un examen sanguíneo que descarte esa enfermedad (2 dosis, 1 dosis cada 21 días).

– Para perros y gatos: Cada año (hasta el fin de sus días) refuerzo de las vacunas: séxtuple, triple felina leucemia, tos de perrera y rabia.

– Cada 3 meses, máximo cada 6 meses, desparasitación interna.

– Desparasitación externa o protección contra pulgas y/o garrapatas (la mayoría de productos dura entre 1 y 2 meses, luego de terminar su efecto se tendría que volver a aplicar indefinidamente).

– Se sugiere un examen sanguíneo completo cada año o cada 2 años para controlar su salud (en veterinarias sugieren exámenes para descartar enfermedades bacterianas y/o virales).

– En veterinarias suelen proponer que se les esterilice debido a los beneficios en su salud (a partir de los 6 meses de edad).

– Alimentación de calidad que prevenga enfermedades a mediano y largo plazo. Existen 3 tipos de comida balanceada: regular, premium y súper premium. Lo aconsejable es que consuman premium y súper premium. Nunca comida casera a menos que sea recetado por una profesional de la salud veterinaria.

– Baños cada 2 o 3 meses en el caso de perros y cuando sea necesario en gatos ya que al acicalarse se limpian. Cuidado con los problemas oculares o de piel en animales de pelo largo.

– Hidratación constante (solo agua).

– Ejercicio constante (perros salen a caminar con correa. Gatos juegan).

– Cariño (muchos animales son desatendidos en este tema).

– En ocasiones la vida nos une con animales que son enfermizos, nuestro compromiso de cuidarles debe mantenerse.

– Es mejor que un animal con pelo muy largo o frondoso viva en climas fríos, un animal muy grande en espacios abiertos, entre otras recomendaciones. Los animales grandes podrían tener problemas óseos en su adultez.

*Los procedimientos y vacunas dependerán del país donde resida el animal y los costos van a depender de él o la profesional de la salud veterinaria que le realice los tratamientos.

Tenencia responsable

Tener un animal de familia es una responsabilidad que tiene varias aristas:

1. Sea cual fuere la edad del animal a adoptar, se acostumbrará a nuestra vida.

2. Debemos educarle. Sin violencia, con persistencia y firmeza.

3. Lo mejor es operar para que no tenga crías. ¿Por qué? Por salud y porque si escapa, es robado, etc. Sin estar bajo nuestro cuidado sería víctima de reproducción forzada e ilícita, podría contagiarse de enfermedades venéreas, virales o bacterianas.

4. Separaremos recursos económicos suficientes para sus procedimientos veterinarios y para comida adecuada.

5. Su espacio debe ser cómodo y amplio, estar limpio y seco y con todas las seguridades.

6. El animalito debe permanecer con nosotros a pesar de los cambios en nuestra vida: mudanzas, viajes, divorcios o casamientos.

Los consecuencias de la tenencia irresponsable son: denuncias por maltrato, abandono de animales, sobrepoblación de animales en las calles, dispersión de estos animales en la fauna silvestre y la propagación de enfermedades zoonóticas (contagio animal-humano).

Si no estamos en capacidad de dedicar tiempo, atención y recursos, no tengamos una mascota. Debemos asumir el compromiso y educar también a las personas que estarán en el entorno del animalito. ¡Les deseo que tengan una adopción memorable! (O) Fuente: El Telégrafo

Noticias Zamora

Más que un Mundial: una historia de sueños, valores y oportunidades para la infancia

Publicado

on

Por: Lic. Mario Paz.

Introducción 

Cada cuatro años, la Copa Mundial de Fútbol reúne a millones de personas en una celebración que trasciende fronteras, culturas e idiomas. El Mundial 2026, que será el más grande de la historia con 48 selecciones y tres países anfitriones, promete emociones inolvidables dentro y fuera de las canchas.

Sin embargo, más allá de la competencia y los resultados, este evento representa una poderosa fuente de inspiración para millones de niños que encuentran en el deporte ejemplos de esfuerzo, disciplina y perseverancia. Por ello, el verdadero legado de un Mundial no solo debe medirse en logros deportivos, sino también en su capacidad para promover valores y recordar la responsabilidad colectiva de proteger los derechos de la niñez.

Este artículo reflexiona sobre el Mundial 2026 como una gran fiesta del fútbol, pero también como una oportunidad para reafirmar el compromiso de construir entornos seguros que permitan a cada niño crecer, desarrollarse y perseguir sus sueños.

Una historia que inspira generaciones: la evolución del Mundial y su impacto en la infancia.

La Copa Mundial de Fútbol de la FIFA constituye el acontecimiento deportivo más importante y seguido del planeta. Su historia comenzó en 1930, cuando Uruguay fue sede de la primera edición y se convirtió, además, en el primer campeón mundial. Desde entonces, el torneo se ha celebrado cada cuatro años, salvo las interrupciones ocasionadas por la Segunda Guerra Mundial en 1942 y 1946.

A lo largo de más de nueve décadas, la Copa del Mundo ha evolucionado hasta convertirse en un fenómeno cultural capaz de unir a millones de personas más allá de las fronteras, los idiomas y las diferencias sociales. Hasta Catar 2022 se disputaron 22 ediciones del campeonato, en las que únicamente ocho selecciones nacionales lograron alcanzar la gloria máxima del fútbol mundial.

Brasil se mantiene como la selección más exitosa de la historia, con cinco títulos obtenidos (1958, 1962, 1970, 1994 y 2002). Le sigue Alemania con 4 campeonatos (1954, 1974, 1990, 2014). Italia también con 4 títulos (1934, 1938, 1982, 2006). Argentina con tres (1978, 1986, 2022). Francia con dos campeonatos (1998, 2018). Uruguay también con dos (1930, 1950). Inglaterra con un título (1966) y finalmente España que ha conquistado un título mundial (2010). Además, Brasil ostenta un récord único: es la única selección que ha participado en todas las Copas del Mundo organizadas por la FIFA.

La edición número 23 del torneo se celebrará entre el 11 de junio y el 19 de julio de 2026 y marcará un momento histórico para el fútbol internacional. Por primera vez, la competencia será organizada conjuntamente por tres países (Estados Unidos, México y Canadá) y contará con la participación de 48 selecciones clasificadas, ampliando significativamente el alcance global del campeonato.

Este nuevo formato representa una transformación profunda en la estructura del torneo. Las selecciones estarán distribuidas en 12 grupos de cuatro equipos, aumentando el número de partidos y brindando oportunidades a más países para formar parte de la máxima fiesta del fútbol. La expansión del Mundial refleja el crecimiento continuo de este deporte y su capacidad para llegar a nuevas generaciones de aficionados en todos los continentes.

Sin embargo, más allá de las cifras, los récords y la magnitud del espectáculo, el fútbol sigue teniendo un valor humano y social incalculable. Cada Copa del Mundo inspira a millones de niños que observan a sus ídolos con admiración y sueñan con algún día representar a sus países. Para ellos, el Mundial no es solamente una competición deportiva; es una escuela de valores donde aprenden sobre esfuerzo, disciplina, trabajo en equipo, respeto y perseverancia.

Por ello, cuando hablamos del futuro del fútbol, es imposible separar el desarrollo del deporte del bienestar de la niñez. Los niños no son espectadores pasivos de este fenómeno global ni representan únicamente las promesas del mañana. Son protagonistas del presente. Cada experiencia que viven, cada espacio seguro que se les brinda para jugar, aprender y crecer, contribuye a formar no solo a los futbolistas del futuro, sino también a ciudadanos más íntegros y comprometidos con la sociedad.

En esta nueva era del fútbol mundial, caracterizada por una mayor inclusión, expansión y alcance global, el desafío no consiste únicamente en organizar torneos más grandes, sino en garantizar que el deporte continúe siendo una herramienta de protección, formación y esperanza para millones de niños alrededor del mundo. 

Un Mundial que abre puertas: fútbol, inclusión y nuevos horizontes

El torneo estará dividido en dos grandes etapas: la fase de grupos y la fase de eliminación directa. En la primera, las 48 selecciones participantes serán distribuidas en 12 grupos de cuatro equipos cada uno. Cada selección disputará tres encuentros, enfrentándose una sola vez a cada rival de su grupo. Como es tradicional, se otorgarán tres puntos por victoria, uno por empate y ninguno por derrota.

Al concluir esta fase inicial, avanzarán a la siguiente ronda los dos primeros equipos de cada grupo, junto con los ocho mejores terceros lugares. De esta manera, un total de 32 selecciones accederán a la fase eliminatoria, ampliando considerablemente las oportunidades de clasificación para países que históricamente han tenido menos presencia en las etapas decisivas de los mundiales.

En caso de igualdad de puntos entre dos o más selecciones, la FIFA aplicará criterios de desempate que incluyen la diferencia de goles, la cantidad de goles anotados, los resultados obtenidos entre los equipos involucrados y otros mecanismos reglamentarios establecidos para garantizar la equidad deportiva.

La segunda etapa comenzará con los dieciseisavos de final, instancia inédita en la historia de los mundiales. A partir de ese momento, el torneo se desarrollará bajo el sistema de eliminación directa: cada partido será decisivo y únicamente el ganador continuará en este certamen mundial. Los vencedores progresarán sucesivamente a octavos de final, cuartos de final, semifinales y, finalmente, a la gran final que definirá al nuevo campeón del mundo.

Los dieciseisavos de final se conformarán de acuerdo al siguiente detalle:

1.º Grupo A Vs. 3.º de los grupos C/E/F/H/I.  1.º del Grupo B Vs. 3.º de los grupos E/F/G/I/J.   1.º del Grupo C tiene un cruce fijo Vs. 2.º del Grupo F.   1.º del Grupo D Vs. 3.º de los grupos B/E/F/I/J.

1.º del Grupo E Vs. mejor tercero de A/B/C/D/F. 1.º del Grupo F vs. 2.º del Grupo C. 1.º Grupo G Vs. 3.º de A, E, H, I o J. 1.º del Grupo H tiene un cruce fijo Vs. 2.º del Grupo K.  1.º Grupo I Vs. 3.º de C, D, F, G o H. 1.º del Grupo J tiene un cruce fijo Vs. 2.º del Grupo L. 1.º Grupo K Vs. 3.º de D, E, I, J o L.

1.º Grupo L Vs. 3.º de E, H, I, J o K. Entre los subcampeones también hay cruces fijos.

Como ocurre tradicionalmente en las fases eliminatorias de la Copa Mundial, si un encuentro termina empatado al concluir los 90 minutos reglamentarios, se disputará una prórroga compuesta por dos tiempos suplementarios de 15 minutos cada uno. Si la igualdad persiste, la clasificación se resolverá mediante una tanda de penales, uno de los momentos de mayor tensión y emoción en el fútbol internacional.

Debido al nuevo formato, la selección que aspire a conquistar el título deberá disputar ocho partidos, uno más que en las ediciones anteriores. Esto exigirá una mayor preparación física, fortaleza mental y profundidad en las plantillas, convirtiendo la regularidad en un factor determinante para alcanzar el éxito.

Más allá de los aspectos reglamentarios, esta ampliación representa una oportunidad histórica para el crecimiento del fútbol mundial. La presencia de más selecciones permitirá que millones de niños y jóvenes de países con menor tradición futbolística puedan verse reflejados en el escenario más importante del deporte. Cada clasificación mundialista se convierte en una fuente de inspiración para nuevas generaciones que encuentran en el fútbol un espacio de aprendizaje, integración y desarrollo personal.

Por ello, el Mundial 2026 no debe entenderse únicamente como una competencia más grande o con más partidos. También simboliza una expansión de sueños y oportunidades. En cada rincón del planeta habrá niños que observarán a sus selecciones nacionales competir al más alto nivel, descubriendo que el esfuerzo, la disciplina y la perseverancia pueden abrir caminos antes impensados. Porque si bien el fútbol construye héroes deportivos, su mayor responsabilidad sigue siendo contribuir a la formación integral de quienes hoy viven su infancia. Los niños no son el futuro: son el presente que debemos cuidar, acompañar y proteger. 

La Tri y el sueño de hacer historia en 2026

La selección ecuatoriana afrontará en 2026 su quinta participación en una Copa Mundial de la FIFA, consolidándose como una de las selecciones sudamericanas con presencia más constante en las últimas décadas. Su historia mundialista comenzó en Corea-Japón 2002, torneo en el que, pese a quedar eliminada en la fase de grupos, consiguió una victoria histórica frente a Croacia que marcó un antes y un después para el fútbol nacional.

Cuatro años más tarde, en Alemania 2006, Ecuador alcanzó la mejor actuación de su historia al clasificar a los octavos de final. Aquel equipo sorprendió al mundo con triunfos contundentes sobre Polonia y Costa Rica antes de caer ante Inglaterra en una ajustada eliminatoria. Desde entonces, esa campaña continúa siendo el punto de referencia para medir las aspiraciones de cada nueva generación de futbolistas ecuatorianos.

Las participaciones posteriores en Brasil 2014 y Qatar 2022 dejaron sensaciones encontradas. Aunque la selección mostró momentos de buen fútbol y competitividad frente a rivales de primer nivel, no logró superar la fase de grupos. Sin embargo, esos torneos contribuyeron a la maduración de un proyecto deportivo que hoy parece alcanzar uno de sus momentos más sólidos.

La clasificación al Mundial de 2026 llega respaldada por unas eliminatorias sudamericanas de alto nivel. Ecuador se distinguió por su fortaleza defensiva, ubicándose entre los equipos menos vulnerados del continente. Jugadores como Moisés Caicedo, Willian Pacho, Piero Hincapié y Pervis Estupiñán representan una generación que combina juventud, experiencia internacional y un notable crecimiento competitivo en las principales ligas del mundo.

Este contexto explica el optimismo que rodea a la selección. Diversas proyecciones estadísticas sitúan a Ecuador con altas probabilidades de superar la fase de grupos e incluso con opciones reales de avanzar a instancias más profundas del torneo. Algunas simulaciones internacionales le otorgan posibilidades cercanas al 19 % de alcanzar los cuartos de final y alrededor del 9 % de llegar a las semifinales, cifras que reflejan el respeto que ha ganado el equipo en el escenario mundial.

Por ello, el objetivo mínimo parece ser avanzar a la ronda de dieciseisavos de final, mientras que alcanzar los octavos de final constituye una meta plenamente competitiva. No obstante, el verdadero sueño es romper la barrera histórica de Alemania 2006 y clasificar por primera vez a los cuartos de final de una Copa del Mundo.

Aunque selecciones tradicionales como Alemania parten con el peso de su historia y favoritismo, Ecuador cuenta hoy con argumentos futbolísticos suficientes para competir de igual a igual frente a cualquier rival. Más allá de los resultados, cada paso que dé la Tri en el Mundial tendrá un significado especial para miles de niños y jóvenes ecuatorianos que encuentran en estos jugadores ejemplos de esfuerzo, disciplina y perseverancia. Porque el fútbol también educa, inspira y construye identidad; y cuando una selección crece, crecen con ella los sueños de toda una generación.

De los sueños infantiles a las plantillas multimillonarias

El crecimiento económico del fútbol mundial también se refleja en el valor de mercado de las selecciones que disputarán el Mundial de 2026. Potencias históricas como Francia, Inglaterra, España, Portugal, Alemania, Brasil, Países Bajos, Argentina, Noruega y Bélgica concentran algunas de las plantillas más valiosas del planeta, con cifras que superan ampliamente los cientos de millones de dólares. Detrás de estos números aparecen nombres como Kylian Mbappé, Lamine Yamal, Jude Bellingham, Vinícius Júnior y Bukayo Saka, futbolistas que hoy representan la élite de un deporte convertido en una de las industrias culturales más influyentes del mundo.

A continuación, te dejamos el listado ordenado de mayor a menor con los valores estimados en dólares para cada uno de los combinados más caros del Mundial 2026:

Francia: $1,810 millones de dólares. Inglaterra: $1,590 millones de dólares. España: $1,415 millones de dólares. Portugal: $1,170 millones de dólares. Alemania: $1,140 millones de dólares. Brasil: $1,095 millones de dólares. Países Bajos: $945 millones de dólares. Argentina: $925 millones de dólares

Noruega: $685 millones de dólares. Bélgica: $635 millones de dólares

Sin embargo, estas valoraciones multimillonarias no surgen de manera espontánea. Son el resultado de largos procesos de formación que comienzan en la infancia, etapa en la que se construyen las bases físicas, emocionales y sociales de cada deportista. La historia del fútbol ofrece innumerables ejemplos: desde los barrios obreros que vieron crecer a Pelé y Diego Maradona hasta las modernas academias que formaron a las actuales estrellas europeas. Antes de convertirse en símbolos globales, todos ellos fueron niños que necesitaron protección, oportunidades, educación y espacios seguros para desarrollar su talento.

En este contexto, resulta significativo que Ecuador figure entre las veinte selecciones más valiosas del mundo y entre las de mayor crecimiento deportivo y económico. Este avance no solo responde al rendimiento internacional de sus futbolistas, sino también al trabajo realizado durante años en procesos de formación que apostaron por el desarrollo integral de niños y adolescentes. El éxito de una selección nacional, al igual que el progreso de una sociedad, comienza mucho antes de los grandes escenarios: nace en la capacidad de reconocer que los niños no son únicamente el futuro, sino el presente que debemos cuidar, acompañar y fortalecer desde hoy. 

Conclusión 

Más allá de los resultados, el mayor legado del Mundial 2026 debe ser el compromiso con la niñez. Detrás de cada futbolista que inspira al mundo hubo un niño que necesitó protección, oportunidades y apoyo para desarrollar su talento.

El fútbol tiene la capacidad de unir e inspirar, pero su impacto más valioso radica en recordarnos que los niños deben ocupar un lugar prioritario en nuestras sociedades. Garantizar sus derechos, bienestar y desarrollo integral es una responsabilidad colectiva que trasciende cualquier campeonato. Porque al final, más importante que levantar una copa es construir un mundo donde cada niño pueda crecer protegido, respetado y con la libertad de perseguir sus propios sueños.

Continuar Leyendo

Noticias Zamora

Lo que sembramos en los niños, florece en la humanidad

Publicado

on

Por Lic. Mario Paz.

Introducción: 

La humanidad no se construye únicamente en los gobiernos, en las leyes o en los grandes acontecimientos históricos. Se construye, sobre todo, en la forma en que una madre abraza a su hijo, en la paciencia de un maestro, en el respeto con que un padre corrige, en la seguridad emocional que rodea a un niño mientras descubre el mundo. Allí, en esos pequeños actos cotidianos que muchas veces parecen insignificantes, comienza realmente el futuro de una sociedad.

Vivimos tiempos donde se habla constantemente de progreso, tecnología y desarrollo, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre aquello que sostiene verdaderamente el destino humano: la manera en que estamos formando a nuestras nuevas generaciones. Ninguna sociedad podrá alcanzar paz, justicia o bienestar mientras existan niños creciendo entre el abandono emocional, la violencia, el miedo o la indiferencia. Porque los niños no solo necesitan alimento y educación; necesitan amor, presencia, escucha, límites con ternura y adultos capaces de enseñar con el ejemplo.

La infancia no es una etapa pasajera ni un simple recuerdo lejano. Es el terreno donde se siembran la autoestima, la empatía, la dignidad, los valores y la capacidad de amar o destruir. Todo lo que un niño vive termina acompañándolo en la manera de relacionarse consigo mismo, con los demás y con el mundo. Por eso, cuidar a un niño no es únicamente proteger una vida pequeña; es cuidar el futuro emocional y moral de toda la humanidad.

Al final, cada gesto deja una semilla. Y tarde o temprano, todo lo que sembramos en los niños florece inevitablemente en la sociedad que construimos.

La infancia no se celebra: se protege 

Cada 1 de junio celebramos el Día del Niño, una fecha que va mucho más allá de los juegos, los regalos o los dulces. Es una jornada que nos invita a reflexionar profundamente sobre la responsabilidad que tenemos como adultos frente a la infancia. Padres, madres, docentes y sociedad compartimos la misión de formar seres humanos con valores sólidos, autoestima firme y corazones compasivos. Porque ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente desarrollada mientras existan niños infelices, vulnerados o privados de amor y oportunidades.

Los niños no aprenden únicamente de las palabras; aprenden, sobre todo, de lo que observan y experimentan cada día. El cariño que reciben, el respeto con el que son tratados, los límites puestos con amor y el ejemplo de quienes los rodean se convierten en semillas que más adelante darán fruto en su carácter y en su manera de relacionarse con el mundo. En sus pequeñas manos descansa gran parte del futuro de nuestra humanidad, pero antes de ser futuro, son presente: un presente que necesita protección, guía y dignidad.

Por ello, el Día del Niño no debería limitarse a una celebración simbólica, sino convertirse en una oportunidad para preguntarnos qué estamos sembrando hoy en las nuevas generaciones. Educar no consiste únicamente en enseñar a leer y escribir; también implica enseñar a sentir, respetar, pensar críticamente, convivir y amar.

El origen de esta conmemoración surge como una respuesta al sufrimiento infantil provocado por las guerras y las crisis humanitarias del siglo XX. Tras los devastadores efectos de la Primera Guerra Mundial, en 1924 se proclamó la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, el primer documento internacional que reconoció que la infancia requería cuidados y protección especial. Décadas más tarde, en 1959, la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, estableciendo principios fundamentales como el derecho a la educación, la salud, la igualdad, la protección y el desarrollo integral.

Desde entonces, el Día del Niño tiene como propósito recordar que los menores de edad constituyen el grupo más vulnerable frente a la violencia, la pobreza, la exclusión y la deserción escolar. También busca sensibilizar a los Estados y a la sociedad sobre la obligación de garantizarles un entorno seguro, afectivo y digno, donde puedan crecer plenamente sin distinción de raza, condición social o nacionalidad.

Aunque la ONU promovió el Día Universal del Niño cada 20 de noviembre, muchos países adoptaron fechas propias para su celebración. En Ecuador, esta conmemoración se realiza cada 1 de junio, reafirmando el compromiso de reconocer a la niñez como prioridad social y humana.

Hoy más que nunca debemos comprender que los niños no son únicamente “el futuro de la sociedad”. Son seres humanos completos en el presente, con emociones, derechos, sueños y necesidades que merecen ser escuchadas y protegidas ahora. Cuidar de la infancia no es un acto de caridad; es un deber moral y una inversión en la humanidad misma.

Los derechos de los niños: más que leyes, un compromiso humano

La protección de la infancia no solo constituye un deber moral y humano; también representa un compromiso jurídico reconocido por la Constitución de la República del Ecuador y por el Código de la Niñez y Adolescencia. Estas normas no surgieron únicamente como disposiciones legales, sino como respuesta histórica a la necesidad de garantizar que niñas, niños y adolescentes crezcan en condiciones de dignidad, seguridad y pleno desarrollo humano.

En Ecuador, el Código de la Niñez y Adolescencia establece que se considera niña o niño a toda persona desde su concepción hasta los doce años de edad. Esta definición trasciende el ámbito estrictamente jurídico y nos recuerda que el cuidado, la protección y la educación deben comenzar desde los primeros instantes de vida, una etapa decisiva en la formación física, emocional y social del ser humano.

La ciencia y la experiencia humana han demostrado que la infancia es el periodo donde se construyen las bases de la personalidad, la autoestima, los valores y la capacidad de convivir en sociedad. Cada palabra de afecto, cada enseñanza, cada ejemplo y cada acto de respeto recibido en el hogar, en la escuela y en la comunidad deja huellas profundas que influirán en la manera en que ese niño mirará el mundo y actuará en él durante su vida adulta.

Por ello, la Constitución de la República del Ecuador, en su Artículo 44, establece que el Estado, la sociedad y la familia tienen la obligación de promover de manera prioritaria el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, garantizando el ejercicio pleno de sus derechos bajo el principio del interés superior del niño. Además, reconoce que sus derechos prevalecen sobre los de las demás personas, reafirmando que la infancia debe ocupar un lugar prioritario dentro de toda política pública y de toda acción social.

De igual manera, el Artículo 45 reconoce que niñas, niños y adolescentes son titulares de todos los derechos humanos, además de aquellos específicos de su edad, entre ellos el derecho a la vida, la salud, la educación, la identidad, la integridad física y psicológica, la recreación, la convivencia familiar y la participación social. Estos derechos no representan privilegios, sino garantías fundamentales para que cada niño pueda desarrollarse plenamente y construir un proyecto de vida digno.

Complementando esta protección, el Artículo 46 dispone que el Estado adopte medidas especiales para proteger a la niñez contra toda forma de violencia, explotación, maltrato, abuso o abandono, así como para asegurar atención prioritaria a los menores más vulnerables. Estas disposiciones reflejan el compromiso de construir una sociedad más humana y consciente de que el bienestar infantil no puede depender del azar ni de las condiciones económicas de una familia.

En armonía con estos principios constitucionales, el Código de la Niñez y Adolescencia, en su Artículo 1, establece que su finalidad es garantizar la protección integral de niñas, niños y adolescentes para asegurar su desarrollo pleno en un entorno de libertad, dignidad y equidad. Bajo esta visión, la protección de la infancia no es responsabilidad exclusiva del Estado, sino una tarea compartida entre la familia, las instituciones educativas, las comunidades y la sociedad en general.

Este principio de corresponsabilidad nos recuerda que todos tenemos un papel fundamental en la vida de los niños. Padres, madres, docentes, autoridades, medios de comunicación y ciudadanía compartimos el deber de crear espacios seguros, afectivos y respetuosos donde puedan crecer libres de violencia, discriminación y abandono. Proteger la infancia no significa únicamente cubrir necesidades materiales, sino también brindar amor, escucha, orientación y oportunidades.

La historia demuestra que las sociedades que colocan a la niñez como prioridad alcanzan mayores niveles de desarrollo humano, cohesión social y bienestar colectivo. Cuando un niño recibe educación, afecto, estabilidad emocional y protección, crece con mayores posibilidades de convertirse en un adulto consciente, empático y comprometido con el bien común. Por el contrario, cuando la infancia es ignorada o vulnerada, las consecuencias terminan reflejándose en toda la sociedad.

Por eso, más que ver a los niños únicamente como “el futuro”, debemos comprender que son el presente vivo de nuestra humanidad. Su bienestar no puede esperar. Cuidarlos, educarlos y protegerlos hoy constituye una responsabilidad impostergable y una de las mayores expresiones de justicia social, civilización y amor por la vida.

El poder de una mente alimentada por la interdisciplinariedad 

La infancia es la etapa más fértil para el aprendizaje y el descubrimiento. Durante esos primeros años, el cerebro humano posee una extraordinaria capacidad para crear conexiones neuronales, desarrollar habilidades y adaptarse a nuevos conocimientos. Por ello, hoy más que nunca resulta necesario promover una formación multidisciplinaria en los niños, una educación que no limite su desarrollo a una sola área del pensamiento, sino que les permita explorar diversos campos del conocimiento y desarrollar plenamente su potencial humano.

Cuando un niño aprende distintas disciplinas al mismo tiempo (música, deportes, idiomas, arte, lectura, ciencia o tecnología, además de la educación formal) su mente desarrolla mayores capacidades de creatividad, razonamiento, sensibilidad y resolución de problemas. Cada nueva experiencia fortalece conexiones cognitivas y emocionales que enriquecen su manera de comprender el mundo y de relacionarse con él. La multidisciplinariedad estimula la curiosidad, amplía la imaginación y favorece un pensamiento más flexible, crítico e innovador.

La historia de la humanidad demuestra que muchas de las mentes más brillantes no se formaron dentro de límites rígidos del conocimiento. Por el contrario, fueron personas capaces de integrar distintas áreas del saber y encontrar conexiones entre ellas. Uno de los ejemplos más emblemáticos es Leonardo da Vinci, considerado uno de los mayores genios de todos los tiempos. Su grandeza no surgió únicamente de un talento innato, sino también de una mente alimentada por múltiples disciplinas. Fue pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, anatomista, inventor, músico, filósofo y estudioso de la naturaleza. Su curiosidad infinita y su capacidad para combinar arte, ciencia y observación le permitieron desarrollar ideas adelantadas a su época.

La multidisciplinariedad no solo forma niños con mayores habilidades intelectuales; también contribuye a desarrollar seres humanos más seguros, sensibles y equilibrados emocionalmente. El deporte fortalece la disciplina y el trabajo en equipo; la música estimula la memoria y la sensibilidad; los idiomas amplían la comprensión cultural; el arte desarrolla la expresión emocional; y la lectura alimenta la imaginación y el pensamiento crítico. Cada disciplina aporta herramientas distintas que, integradas, enriquecen profundamente la formación humana.

Sin embargo, durante muchos años los sistemas educativos tradicionales han privilegiado modelos centrados únicamente en la memorización y el rendimiento académico convencional, dejando en segundo plano otras capacidades esenciales para el desarrollo integral. Hoy entendemos que educar no significa únicamente transmitir información, sino ayudar a cada niño a descubrir sus talentos, fortalecer su autoestima y desarrollar todas sus dimensiones humanas.

Por eso, brindar a los niños oportunidades para explorar diversas áreas del conocimiento no debe verse como un lujo, sino como una necesidad educativa y social. Un niño que tiene acceso al deporte, al arte, a la cultura, a la ciencia y a los idiomas posee mayores herramientas para construir una vida plena y afrontar los desafíos del futuro con creatividad y resiliencia.

Cuidar la infancia también implica ofrecer una educación capaz de expandir la mente y el espíritu. Porque los niños no son recipientes vacíos que deben llenarse únicamente de contenidos escolares; son seres humanos llenos de curiosidad, imaginación y posibilidades infinitas. Y mientras más amplia sea la experiencia que reciban en su niñez, más libre, consciente y humana será la sociedad que construiremos mañana.

La verdadera transformación del mundo empieza en la infancia

La infancia no es una etapa secundaria de la vida; es el periodo donde se construyen las bases emocionales, intelectuales y morales del ser humano. Diversos estudios sobre desarrollo infantil coinciden en que durante los primeros años de vida el cerebro alcanza una extraordinaria capacidad de aprendizaje y formación de conexiones neuronales. Se estima que, en los primeros cinco años, se desarrolla gran parte de la personalidad, la inteligencia emocional y las habilidades sociales que acompañarán a la persona durante toda su existencia. Por eso, cada experiencia vivida en la niñez deja una huella profunda y duradera.

Desde tiempos antiguos, la humanidad ha comprendido la importancia de formar correctamente a los niños desde temprana edad. El rey Salomón, reconocido históricamente por su sabiduría, expresó una verdad que continúa vigente hasta nuestros días: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Esta reflexión encierra una realidad esencial: la infancia es el terreno donde se siembran los principios, hábitos y valores que más tarde definirán la conducta del adulto.

Aunque muchas veces no lo percibamos, los niños observan constantemente el mundo que los rodea. Aprenden menos de los discursos y más del ejemplo cotidiano. Imitan nuestras palabras, nuestros gestos, nuestras reacciones y la manera en que tratamos a los demás. Sus principales referentes suelen ser sus padres y sus maestros, razón por la cual el ejemplo que reciban en el hogar y en las aulas posee un impacto decisivo en su formación humana.

Cada niño que llega al mundo es como una hoja en blanco que la vida irá escribiendo poco a poco. Y los primeros trazos (los más profundos y permanentes) los dibujamos nosotros con nuestras acciones, nuestro afecto y nuestra manera de guiarlos. Los niños absorben lo que sienten en su entorno: si crecen rodeados de respeto, aprenderán a respetar; si reciben amor, aprenderán a amar; si viven violencia o abandono, esas heridas también dejarán marcas difíciles de borrar.

Las palabras del filósofo griego Pitágoras siguen resonando con fuerza a través de los siglos: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Más allá de la frase histórica, su mensaje conserva una profunda vigencia social. Muchas de las problemáticas que afectan hoy a nuestras comunidades (violencia, intolerancia, falta de empatía o descomposición social) tienen raíces en infancias descuidadas, carentes de afecto, orientación y oportunidades.

Educar en valores no significa únicamente enseñar conceptos sobre lo correcto o incorrecto. Significa vivir la empatía, practicar el respeto, cumplir la palabra dada, reconocer errores, pedir perdón y enseñar con el ejemplo. Son los pequeños actos cotidianos los que moldean la conciencia y el carácter de los niños. Allí, en la sencillez de la vida diaria, aprenden verdaderamente lo que significa ser humanos.

Existe una metáfora profundamente valiosa para comprender la importancia de la infancia: la historia del bambú. Durante sus primeros años de vida, esta planta apenas muestra crecimiento visible sobre la superficie. Quien la observe podría pensar que nada está ocurriendo. Sin embargo, en silencio, el bambú desarrolla un sistema de raíces fuertes y profundas capaz de sostenerlo cuando más adelante crezca rápidamente hasta alcanzar grandes alturas.

Así ocurre también con los niños. Antes de que sus talentos brillen y sus sueños florezcan, necesitan raíces sólidas construidas con amor, estabilidad emocional, principios, confianza y respeto. Esas raíces no aparecen de manera espontánea; requieren tiempo, presencia, paciencia y una guía consciente por parte de los adultos.

No podemos esperar que los adultos del mañana sanen por sí solos las heridas de una infancia abandonada. La verdadera transformación social comienza mucho antes: empieza en la crianza, en la educación y en el trato diario que damos a nuestros niños. Lo que un niño vive hoy, inevitablemente lo devolverá al mundo mañana.

Por eso, cuidar la infancia no es solamente proteger una etapa de la vida; es sembrar las bases de una sociedad más justa, empática y humana. Porque los niños no son únicamente el futuro: son el presente que necesita ser amado, escuchado y cuidado desde ahora.

La obediencia ciega apaga la conciencia 

La obediencia, por sí sola, no es una virtud. Todo depende de a quién se obedece, por qué se obedece y cuáles son las consecuencias de esa obediencia. La historia está llena de episodios en los que personas aparentemente “correctas” cometieron actos terribles simplemente porque aprendieron a no cuestionar órdenes. Desde los regímenes totalitarios del siglo XX hasta experimentos sociales como los de Stanley Milgram, quedó demostrado que muchos seres humanos son capaces de renunciar a su criterio moral cuando se les enseña que obedecer es más importante que pensar.

Por eso, educar a un niño únicamente para que sea obediente puede volverlo vulnerable. Un niño que nunca aprende a contradecir, preguntar o poner límites difícilmente sabrá defenderse frente al abuso, la manipulación o la presión social. Los “obedientes” también pueden terminar siguiendo conductas destructivas (como el consumo de estupefacientes o dinámicas violentas) no por maldad, sino por una profunda necesidad de aceptación y aprobación. La obediencia ciega no forma carácter: forma dependencia.

La verdadera tarea de la educación no es fabricar niños sumisos, sino seres humanos capaces de discernir. Un niño necesita aprender a respetar normas y comprender que toda convivencia exige límites, pero también debe desarrollar pensamiento crítico, criterio ético y autonomía emocional. Más importante que obedecer sin cuestionar es aprender a analizar las consecuencias de cada acción, evaluar los pros y los contras, asumir responsabilidades y tomar decisiones prudentes incluso cuando nadie lo vigila.

La meta esencial del carácter no debería ser criar hijos dóciles, sino personas conscientes. Niños capaces de decir “no” cuando algo amenaza su dignidad, de sostener sus valores frente a la presión del entorno y de actuar con responsabilidad no por miedo al castigo, sino por convicción. Porque educar no consiste en apagar la voluntad de un niño, sino en enseñarle a gobernarla con sabiduría.

Conclusión: 

Al final, la verdadera grandeza de una sociedad no se mide por sus avances tecnológicos, sus edificios o su economía, sino por la manera en que trata a sus niños. Allí, en la infancia, comienza silenciosamente el destino de la humanidad. Cada palabra que un niño escucha, cada abrazo que recibe, cada herida que soporta y cada oportunidad que encuentra va moldeando al adulto que algún día caminará entre nosotros.

Los niños no necesitan un mundo perfecto; necesitan adultos conscientes. Adultos capaces de mirarlos con amor, guiarlos con paciencia, corregirlos con respeto y enseñarles con el ejemplo, que la dignidad humana siempre debe estar por encima de la violencia, el egoísmo o la indiferencia. Porque la infancia no solo forma recuerdos: forma conciencias.

Muchas veces creemos que cambiar el mundo exige grandes acciones, cuando en realidad las transformaciones más profundas empiezan en lo cotidiano: en una conversación escuchada con atención, en un límite puesto con amor, en un maestro que inspira, en unos padres que acompañan, en una sociedad que decide proteger en lugar de ignorar.

Cada niño cuidado es una posibilidad de esperanza para el futuro. Cada niño amado es una semilla de paz. Y cada infancia protegida representa una oportunidad para construir una humanidad más sensible, más justa y más humana.

Por eso, nunca debemos olvidar que todo lo que sembramos hoy en el corazón de un niño florecerá mañana en la sociedad entera. Si sembramos respeto, crecerá dignidad. Si sembramos empatía, crecerá solidaridad. Si sembramos amor, crecerá humanidad.

Porque, al final, el mundo que tendremos mañana dependerá profundamente de cómo decidamos cuidar a nuestros niños hoy.

Continuar Leyendo

Opinión

El poder que necesita enemigos

Publicado

on

Matías Abad Merchán

Catedrático universitario, comunicador y analista político. Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.

Mientras más poder acumula Daniel Noboa, más insiste en hablar como si resistiera desde afuera del sistema. El informe a la Nación del pasado 24 de mayo volvió a confirmarlo.

El presidente gobierna con amplias facultades políticas: cuenta con mayoría en la Asamblea Nacional, tiene alineadas instituciones clave y controla buena parte de la agenda pública.

Sin embargo, su legitimidad política sigue construyéndose desde la figura del outsider perseguido. Un presidente que gobierna desde el poder, pero comunica desde la resistencia.

Ese fue, quizá, el verdadero eje del informe presidencial.

Aunque formalmente se trataba de una rendición de cuentas —y de la presentación de prioridades para la nueva etapa de gobierno—, el discurso estuvo atravesado por un tono de confrontación permanente.

«Golpistas», «mafias», «desestabilizadores», «los mismos de siempre». La extrema izquierda y la extrema derecha aparecieron como referencias recurrentes dentro de una narrativa organizada alrededor del conflicto. Y el problema no es solo retórico.

Cuando un gobierno define su legitimidad desde el antagonismo, toda crítica se convierte en amenaza y toda oposición en sabotaje. La política deja entonces de concebirse como competencia democrática entre adversarios y pasa a ser una disputa moral entre quienes encarnan «el nuevo Ecuador» y quienes representan un enemigo al que hay que derrotar.

En ese marco, el informe dejó en muchos una sensación de victimización política. No fue el discurso de un gobierno que ejerce el poder desde la estabilidad institucional, sino el de una administración que necesita la polarización para sostener su cohesión interna y seguir ganando elecciones.

De ahí la paradoja del noboísmo: mientras acumula más poder, más necesita presentarse como antisistema.

Pero gobernar desde el conflicto tiene costos: si bien puede movilizar adhesiones en torno a la confrontación, reduce el espacio para construir acuerdos mínimos, indispensables en cualquier democracia funcional.

La pregunta no es si Noboa puede seguir ganando desde esa narrativa. La pregunta es cuánto puede resistir una democracia cuando el poder necesita enemigos permanentes para sostenerse. Fuente: Primicias

Continuar Leyendo

Trending

Derechos reservados El Amazonico