Opinión
Los animales nos cambian la vida … ¿Les cambiamos nosotros la vida a ellos?
Imaginemos esta situación: Llegó a casa un perrito ¿Qué hacemos?, ¿estamos preparados para atenderlo adecuadamente?, ¿cuánto nos va a costar? Son interrogantes válidas al momento de introducir un miembro de la familia al hogar. Mientras más nos cuestionemos, mejor.
Los animales nos completan la vida, sin embargo, también nos la podrían complicar. Es importante que conozcamos detalles básicos sobre el tema para tomar decisiones acertadas.
El bienestar animal
La OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal), en su Código Sanitario para los Animales Terrestres destaca la necesidad de un tratamiento compasivo a animales y subraya que de esto depende el bienestar del animal (artículos 7.8., párrafo tres https://www.oie.int/es/que-hacemos/normas/codigos-y-manuales/acceso-en-linea-al-codigo-terrestre/?id=169&L=1&htmfile=chapitre_aw_research_education.htm), y que para lograrlo deben estar libres de 5 cosas:
1. Libre de hambre, de sed y de desnutrición.
2. Libre de temor y angustia.
3. Libre de molestias físicas y térmicas.
4. Libre de dolor, de lesión y de enfermedad.
5. Libre de manifestar un comportamiento natural.
El reto de escoger mascota
Hay 2 maneras de tener un animal de compañía en casa: la primera es comprarlo, la segunda adoptarlo. Sugiero que siempre optemos por la segunda. Empecemos revisando los pros y contras de comprar animales:
Pros:
Elegir una raza a nuestro gusto.
Saber ciertas características del carácter de nuestro animal de acuerdo a su raza.
Contras:
Incontables animales de raza tienen problemas de salud (genéticos) creados precisamente por mantenerlos “puros”.
Suelen costar cuantiosas sumas de dinero.
Sin importar dónde se los adquiera, estamos contribuyendo con la explotación animal. Hay personas que realizan actividades ilegales de venta de animales y no los tienen en las condiciones de salud o con los requisitos sanitarios que se requiere.
En Fundación Rescate Animal Ecuador hemos rescatado y dado en adopción, directa e indirectamente, a más de 5000 animales. Muchos han sido de raza, animales que pudieron haber costado entre $500 y $1500 (o más) y que estaban enfermos, heridos y abandonados en la calle. Nos preguntamos, ¿por qué una persona que invierte tanto en un animal luego lo abandona o lo descuida? La respuesta es sencilla, subestimaron la responsabilidad. Les ganó la emoción del momento.
Adoptar es un acto de amor y responsabilidad
Un animal en casa beneficia a la salud mental y física. World Animal Protection (WAP), organización reconocida a nivel mundial, indica que la hormona oxitocina, secretada cuando el cuerpo experimenta placer, también se produce cuando un animal de familia y su tenedor (o propietario) experimentan interacciones positivas entre sí. Por ejemplo, acariciarle por 10 minutos puede aliviar el estrés, su compañía también puede evitar depresiones. https://www.worldanimalprotection.cr/noticias/conoce-los-cuidados-que-necesita-tu-mascota-y-como-te-puedes-beneficiar-de-ellos (World Animal Protection hace sus propios estudios)
Estudios señalan que crecerán más saludables quienes hayan vivido con perros o gatos en su primer año de vida, ya que presentan menores problemas respiratorios y alergias que los niños, niñas y adolescentes que no convivieron con estos seres.
http://147.96.70.122/Web/TFG/TFG/Memoria/NOEMI%20GAGO%20MARTIN.pdf (página 19, párrafo 5)
¿Qué necesito hacer para cuidar un animal en casa?
A continuación detallamos lo que necesita un perro o gato:
– Desparasitación luego del 1er mes de vida.
– Primera vacuna séxtuple o triple felina al mes y medio de vida (En perros son 3 dosis, 1 cada 21 días. En gatos son 2 dosis, 1 dosis cada 21 días).
– En perros, la vacuna Parainfluenza canina y Bordetella bronchiseptica enfermedad también conocida como tos de perrera (1 sola dosis, 72 horas después ya hizo efecto la vacuna).
– Vacuna contra la rabia, aproximadamente a los 3 meses de vida.
– En gatos, vacuna contra la leucemia felina, para poder aplicarla se le debe hacer un examen sanguíneo que descarte esa enfermedad (2 dosis, 1 dosis cada 21 días).
– Para perros y gatos: Cada año (hasta el fin de sus días) refuerzo de las vacunas: séxtuple, triple felina leucemia, tos de perrera y rabia.
– Cada 3 meses, máximo cada 6 meses, desparasitación interna.
– Desparasitación externa o protección contra pulgas y/o garrapatas (la mayoría de productos dura entre 1 y 2 meses, luego de terminar su efecto se tendría que volver a aplicar indefinidamente).
– Se sugiere un examen sanguíneo completo cada año o cada 2 años para controlar su salud (en veterinarias sugieren exámenes para descartar enfermedades bacterianas y/o virales).
– En veterinarias suelen proponer que se les esterilice debido a los beneficios en su salud (a partir de los 6 meses de edad).
– Alimentación de calidad que prevenga enfermedades a mediano y largo plazo. Existen 3 tipos de comida balanceada: regular, premium y súper premium. Lo aconsejable es que consuman premium y súper premium. Nunca comida casera a menos que sea recetado por una profesional de la salud veterinaria.
– Baños cada 2 o 3 meses en el caso de perros y cuando sea necesario en gatos ya que al acicalarse se limpian. Cuidado con los problemas oculares o de piel en animales de pelo largo.
– Hidratación constante (solo agua).
– Ejercicio constante (perros salen a caminar con correa. Gatos juegan).
– Cariño (muchos animales son desatendidos en este tema).
– En ocasiones la vida nos une con animales que son enfermizos, nuestro compromiso de cuidarles debe mantenerse.
– Es mejor que un animal con pelo muy largo o frondoso viva en climas fríos, un animal muy grande en espacios abiertos, entre otras recomendaciones. Los animales grandes podrían tener problemas óseos en su adultez.
*Los procedimientos y vacunas dependerán del país donde resida el animal y los costos van a depender de él o la profesional de la salud veterinaria que le realice los tratamientos.
Tenencia responsable
Tener un animal de familia es una responsabilidad que tiene varias aristas:
1. Sea cual fuere la edad del animal a adoptar, se acostumbrará a nuestra vida.
2. Debemos educarle. Sin violencia, con persistencia y firmeza.
3. Lo mejor es operar para que no tenga crías. ¿Por qué? Por salud y porque si escapa, es robado, etc. Sin estar bajo nuestro cuidado sería víctima de reproducción forzada e ilícita, podría contagiarse de enfermedades venéreas, virales o bacterianas.
4. Separaremos recursos económicos suficientes para sus procedimientos veterinarios y para comida adecuada.
5. Su espacio debe ser cómodo y amplio, estar limpio y seco y con todas las seguridades.
6. El animalito debe permanecer con nosotros a pesar de los cambios en nuestra vida: mudanzas, viajes, divorcios o casamientos.
Los consecuencias de la tenencia irresponsable son: denuncias por maltrato, abandono de animales, sobrepoblación de animales en las calles, dispersión de estos animales en la fauna silvestre y la propagación de enfermedades zoonóticas (contagio animal-humano).
Si no estamos en capacidad de dedicar tiempo, atención y recursos, no tengamos una mascota. Debemos asumir el compromiso y educar también a las personas que estarán en el entorno del animalito. ¡Les deseo que tengan una adopción memorable! (O) Fuente: El Telégrafo
Noticias Zamora
Zamora: cuando la gestión se convierte en un problema
Noticias Zamora
Día del Maestro Ecuatoriano: Educar es un acto de vida y dignidad
El Día del Maestro Ecuatoriano es una oportunidad para enaltecer la figura insigne de quien, día a día, madruga, se esfuerza, se desgasta y entrega corazón, vida y pasión por ver crecer —intelectual, emocional y espiritualmente— a otro ser humano. Es, quizá, la única profesión donde se da vida a otra vida; un verdadero trasvase de humanidad.
Educar no es un servicio. Nuestros estudiantes no son clientes ni usuarios, como en algún momento pretendieron reducirlos visiones ajenas al sentido profundo de la educación. Educar es un acto profundamente humano: es sembrar, acompañar y construir vida en el otro. Por ello, saludo con respeto y admiración a todas y todos mis compañeros docentes, a las maestras y maestros que trabajan en cada rincón del Ecuador, y de manera especial al magisterio de mi provincia.
Sin embargo, esta fecha también nos convoca a la reflexión y, por qué no decirlo, a una necesaria rebeldía consciente. Hoy, la educación atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. Esta realidad no es reciente: se gestó hace décadas, cuando gobiernos distantes de la esencia del acto educativo redujeron la docencia a un oficio cualquiera, debilitando el mérito profesional, desvalorizando la autoridad pedagógica y relegando el papel fundamental de la familia.
En ese proceso, se impuso una interpretación distorsionada de los derechos humanos, desligada de los deberes, que terminó por desdibujar valores esenciales como la ética, la responsabilidad, el respeto, la disciplina, el autocontrol y la cultura del esfuerzo. Así, el aula dejó de ser, en muchos casos, un espacio de formación integral para convertirse en un escenario de tensiones donde el docente pierde respaldo y la comunidad educativa se fragmenta.
El Ecuador enfrenta hoy un sistema educativo marcado por la improvisación, con modelos que cambian constantemente y que muchas veces no responden a la realidad social del país. Se priorizan decisiones administrativas cuestionables antes que la dignificación del docente; se descuida la inversión en infraestructura, innovación pedagógica y condiciones adecuadas para el aprendizaje. La carrera profesional docente, lejos de fortalecerse, permanece estancada, sin una gestión eficiente del escalafón que garantice justicia, motivación y reconocimiento al mérito.
Frente a este panorama, es urgente levantar la voz. Porque la educación no es un gasto: es la inversión más poderosa para transformar una nación. La inseguridad y la violencia que hoy golpean al país no se resolverán únicamente con medidas de fuerza; su solución profunda está en la educación: en la familia, en el barrio, en la escuela, en el magisterio.
Se requiere una política educativa seria, coherente y sostenida, acompañada de un marco legal que promueva no solo derechos, sino también responsabilidades; que nos permita, como sociedad, reeducarnos, sanar y reconstruir el tejido humano.
Ser docente en el Ecuador hoy es, más que nunca, un acto de valentía. Pero también es un acto de esperanza. Y desde esa esperanza —crítica, consciente y comprometida— nace nuestra rebeldía: la de no renunciar jamás a la misión de educar y transformar vidas.
Con profundo afecto. Claudio Torres.
Noticias Zamora
La independencia judicial en Ecuador
Hoy, en esta columna, quiero hablarte de la independencia judicial, y partir con una pregunta, querido lector: ¿estamos ante un sistema que realmente protege la autonomía de los jueces o frente a uno que, en la práctica, la condiciona?
En Ecuador, la justicia atraviesa un momento crítico. Mientras la Constitución reconoce la independencia judicial como uno de los pilares fundamentales del Estado de derecho, en la realidad comienzan a aparecer señales preocupantes que ponen en duda su vigencia efectiva. Jueces cuestionados por el contenido de sus fallos, procesos disciplinarios que desbordan el ámbito estrictamente jurídico y una presión mediática que transforma los casos en verdaderos juicios paralelos configuran un escenario complejo, tenso y profundamente delicado.
Esta columna no pretende defender decisiones judiciales específicas ni justificar actuaciones concretas. Busca, más bien, poner en evidencia una problemática estructural que, de no ser enfrentada con seriedad, amenaza con debilitar uno de los cimientos esenciales de toda democracia: la existencia de una justicia libre, imparcial y verdaderamente independiente.
En un Estado constitucional de derechos y justicia como el Ecuador, la independencia judicial no es un privilegio de los jueces, sino una garantía esencial para la ciudadanía. Implica que quienes administran justicia puedan resolver los conflictos sometidos a su conocimiento con base exclusiva en la Constitución, la ley y su convicción jurídica, sin presiones externas, interferencias políticas, mediáticas o institucionales. En otras palabras, la independencia judicial asegura que las decisiones no respondan a intereses de poder, sino al derecho.
Sin embargo, esta premisa que debería ser incuestionable hoy enfrenta una crisis evidente. La realidad muestra un escenario donde los jueces, lejos de actuar con plena autonomía, se encuentran constantemente expuestos a mecanismos de presión que condicionan su actuación. Esto no solo debilita la función judicial, sino que erosiona la confianza ciudadana en el sistema de justicia.
Uno de los elementos más preocupantes es la utilización de herramientas institucionales para cuestionar decisiones jurisdiccionales. Cuando un juez resuelve un caso en ejercicio de sus competencias, su decisión puede ser impugnada mediante los recursos previstos en la ley. Ese es el camino legítimo dentro de un Estado de derecho. No obstante, lo que se observa en la práctica es algo distinto; decisiones judiciales que generan reacciones inmediatas no en el plano jurídico, sino en el disciplinario o incluso en el mediático.
Instituciones como el Consejo de la Judicatura, encargadas de la administración y disciplina de la Función Judicial, han sido señaladas en múltiples ocasiones por iniciar procesos administrativos contra jueces a raíz del contenido de sus fallos. Esto plantea una pregunta de fondo: ¿puede un juez ser sancionado por el criterio jurídico que adopta en una resolución? Si la respuesta es afirmativa, entonces la independencia judicial deja de existir y se convierte en una ficción.
El Caso denominado Goleada refleja con claridad esta problemática. Más allá de las particularidades del caso, lo que resulta alarmante es la reacción institucional frente a las decisiones adoptadas por los jueces. La intervención de la Fiscalía General del Estado, promoviendo acciones y cuestionamientos públicos, así como la apertura de procesos en el ámbito disciplinario, evidencia un entorno donde el juez no solo debe aplicar el derecho, sino también anticipar las consecuencias personales y profesionales de su decisión.
A esto se suma un factor igualmente determinante, la presión mediática. En la actualidad, los procesos judiciales de relevancia pública son sometidos a un juicio paralelo, donde la narrativa construida por los medios de comunicación influye de manera directa en la percepción social del caso. Este fenómeno genera un ambiente adverso para la labor judicial, pues cualquier decisión que no coincida con la expectativa mediática puede ser interpretada como irregular o incluso corrupta.
El problema no radica en la crítica que es legítima en una sociedad democrática, sino en la forma en que esta crítica se traduce en consecuencias reales para los jueces. Cuando la opinión pública, alimentada por información parcial o sesgada, se convierte en un factor de presión, la independencia judicial se ve seriamente comprometida.
Ergo, el juez que decide actuar conforme a su criterio jurídico enfrenta un dilema complejo; resolver de acuerdo con el derecho o ceder ante las presiones externas para evitar represalias. Y es aquí donde se pone a prueba la solidez del sistema. Un sistema que castiga la independencia y premia la complacencia no puede considerarse un verdadero Estado de justicia.
No se trata de defender decisiones judiciales específicas ni de afirmar que todos los jueces actúan correctamente. El sistema de justicia, como cualquier otro, no está exento de errores o incluso de actos indebidos. Sin embargo, el control de esas actuaciones debe darse a través de los mecanismos legales establecidos, no mediante presiones que desnaturalizan la función jurisdiccional.
La independencia judicial no puede ser entendida como un concepto abstracto o meramente declarativo. Debe materializarse en garantías reales que protejan a los jueces frente a cualquier tipo de injerencia. Esto implica, entre otras cosas, limitar el uso del régimen disciplinario a conductas verdaderamente reprochables y no a la discrepancia jurídica, así como promover una cultura institucional que respete la autonomía de la función judicial.
En definitiva, lo que está en juego no es la estabilidad de un juez en particular, sino la credibilidad de todo el sistema de justicia. Cuando la ciudadanía percibe que las decisiones judiciales responden a presiones y no al derecho, la confianza se desvanece y el Estado de derecho se debilita.
Ecuador enfrenta hoy un desafío importante, decidir si quiere consolidar un sistema de justicia independiente o continuar en una dinámica donde la presión, el miedo y la exposición mediática condicionan la labor judicial. La respuesta a esta cuestión definirá no solo el presente, sino el futuro de la justicia en el país.
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